sábado, 2 de febrero de 2008

Viviré este día como si fuese el último de mi existencia.


¿Y qué haré con este último día de valor incalculable que me queda? Primero, sellaré el
contenido de la vida de manera que ni una gota se derrame sobre la arena. No perderé ni
un momento siquiera en lamentarme por las desgracias del ayer, las derrotas del ayer,
los sufrimientos del ayer, porque ¿por qué debo desperdiciar lo que es bueno en lo
malo?

¿Puede la arena deslizarse hacia arriba en el reloj? ¿Saldrá el sol donde se pone y se
pondrá donde sale? ¿Puedo vivir de nuevo los errores del ayer y corregirlos? ¿Puedo
hacer que retornen las heridas del ayer y sanarlas? ¿Puedo volverme más joven que
ayer? ¿Puedo desdecirme del mal que he hablado, anular los golpes que he asestado, el
dolor que he provocado? No, el ayer ha quedado sepultado para siempre y no pensaré
más en él.




Fragmento del libro:El vendedor más grande del mundo, pergamino nro 12, de Og Mandino

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